NUESTRO VIAJE A SUIZA

Cuando decidimos que era el momento de salir al extranjero los trece primos, empezamos a buscar casa con mucho tiempo. Como nos encanta la montaña nos decidimos por los Alpes franceses, hasta que en esa búsqueda nos topamos con una casita típica suiza, cerca de la frontera con Francia, muy barata y donde cabíamos todos.


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El avión estaba descartado por tema económico y porque es difícil y caro conseguir dos monovolúmenes para poder moverse por Suiza.

La verdad es que moverse allí con coche es una gozada, las autopistas son espectaculares y no hay peajes (solo tienes que comprar una pegatina para el coche que vale 40 euros en la frontera y sirve para todo el año). Lo que mas nos asombró es que había baños públicos extremadamente limpios en cada vía de servicio (luego comprobamos que los había en cada sitio turístico y en cada parque) lo cual si viajas con niños esta muy bien.

No os puedo contar nada sobre restaurantes, porque el nivel de vida es caro allí y decidimos comer de bocadillos en las excursiones y hacernos cenas más fuertes y sanas en el alojamiento. La comida la compramos toda en un Carrefour antes de entrar a Suiza, e investigamos cuales eran los supermercados mas baratos para lo imprescindible del día a día, como el pan. En este sentido os recomiendo el Lidel y el Aldi.

Nos sorprendió que el día antes de llegar, hablamos con los dueños de la casa y nos dijeron que no podían recibirnos, pero la llave estaba en un cajón de la cocina, con lo cual la puerta nos la dejaban abierta. Eso nos sorprendió mucho.

Nos dejaron una lista tremenda con el tema del reciclaje, son muy estrictos con eso e incluso multan por ello. Gracias a dios contábamos con mi cuñada que es una experta en el tema y aún así la pobre se volvió loca.

LAGO TANEY Y CASTILLO DE CHILLON

El primer día después de llegar decidimos hacer la excursión al lago Taney, que comenzaba en el mismo pueblo donde nos alojábamos, para descansar de coche y del viaje del día anterior. A este lago y aldea de montaña, no se puede acceder en transporte, ya que esta prohibido por ser una reserva natural.

Se llega por un sendero atravesando un bosque precioso, con vacas y casitas típicas llenas de flores. Culminamos la excursión con un baño en el lago que nos sentó de maravilla.

Hay que decir que allí el silencio se lo toman muy en serio y nos riñeron por armar un poquito de alboroto al meternos en el agua, pero somos españoles y no lo podemos evitar, somos de tono alto.

Por la tarde bajamos a Montreux para visitar el castillo de Chillón, uno de los mas bonitos y mejor conservados que he visto nunca y que nos regaló uno de los atardeceres mas impresionantes de nuestras vidas. La suerte de los monumentos y museos de Suiza para familias numerosas es que solo pagan entrada los menores de 16 años.

ADELBODEN, CASTILLO OBERHOFFEN Y BERNA

El segundo día nos decidimos a coger el coche y nos acercamos a Adelboden, otra aldea de montaña, a conocer las cascadas de Engstligen, una caída de agua de 600m espectacular a la que se accede por un fácil sendero en una hora de caminata.

Allí mismo se podía coger un teleférico para subir a las montañas, pero nosotros íbamos muchos y los descartamos por los altos precios.

Por la tarde fuimos a visitar el castillo de Oberhoffen, a la orilla del lago Thun, pero como allí lo cierran todo muy pronto no pudimos verlo por dentro. Aún así mereció la pena porque es espectacular por fuera, por el maravilloso jardín que lo rodea y por el magnifico lago Thun con sus veleros.

Como nos sobraba tiempo decidimos pasarnos por  la capital, Berna, a pasear por su casco histórico, declarado patrimonio mundial de la UNESCO y no es para menos, 6 km. de arcadas en su calle principal, la torre del reloj, el tranvía, las banderas de los diferentes cantones que decoran la ciudad, sus fuentes y jardines, la ópera, la casa de Albert Einstein, su museo, un encanto de ciudad.

Otra cosa que nos sorprendió de Suiza es su exquisito orden y extremada limpieza en todo, que nos hizo volver a casa concienciados en cambiar cosas y actitudes en la convivencia común con los demás.

Los pequeños se lo pasaron bomba buscando las diferentes réplicas de San Bernardos colocadas en diferentes sitios de Berna.

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LAGO SCHWARZSEE-GRUYERS

Cuando organizamos el viaje una de las cosas que queríamos hacer era tirarnos en un Rodelbhan (tobogán de montaña) así que buscamos uno cerca de nuestro alojamiento para el tercer día. Encontramos uno en el precioso lago Schwarzsee, con un embarcadero de madera y un paisaje espectacular, está totalmente adaptado para practicar deportes y para el baño. Después de disfrutar de un paseo por la montaña y pasárnoslo como enanos bajando por el tobogán, nos dimos un chapuzón entre patitos salvajes y en unas aguas que sorprendentemente no estaban tan frías como esperábamos, al tratarse de un lago de montaña. Allí mismo había baños y cambiadores públicos, todo súper limpio y acondicionado.

Por la tarde fuimos a conocer Gruyers, un pueblo medieval fortificado famoso por su queso. Dejamos el coche en un parking público gratuito y subimos a conocer el castillo del siglo XIII, su plaza y sus calles. Una localidad bastante turística, donde es fácil encontrarse con muchos españoles pero muy bonita y con unas magníficas vistas, ya que el pueblo esta situado en un altozano.

Hay que decir que en las oficinas de turismo, museos, castillos  y pueblos turísticos te suelen dar una especie  reloj para el parking, para unas dos horas gratuitas.

BARRYLAND-MONTREUX

El cuarto día salió un poco nuboso y nos acercamos a Barryland, el museo de perros San Bernardos, en Martigny. La historia de estos famosos perros salvavidas se cuenta en este museo. También tienes la posibilidad de tocarlos, pasear con ellos y hacerte fotos, lo cual fue una delicia para nuestros pequeños amantes de los animales.

También te cuentan la historia de BARRY, un famoso perro San Bernardo, que dicen llegó a salvar a más de cuarenta personas. Es por esto que es el perro nacional suizo desde 1884.No pudimos evitar llevarnos de la tienda del museo, un pequeño Barry de peluche, que nos acompañó el resto del viaje.

Justo al lado del museo nos encontramos con un anfiteatro romano muy bien conservado.

La tarde la pasamos en Montreux, admirando sus edificios inmaculados y señoriales, paseando por sus parques y disfrutando de un helado a la orilla del lago Lemán, que es espectacular.

ZERMATT-GARGANTAS DEL GORNER

El quinto y último día teníamos claro que queríamos visitar Zermatt, una aldea de montaña a los pies del Matterhorn, libre de vehículos y a la que solo se puede llegar con un tren que te lleva entre montañas nevadas impresionantes.

Zermatt no nos defraudó, casas de madera preciosas y miles de posibilidades para hacer excursiones y paseos por los alrededores.

Después de informarnos en la oficina de turismo y comprobar que el precio de los teleféricos era altísimo, nos decidimos por las gargantas del Gorner, una belleza natural formada por la erosión de las aguas del río Gornera y que ha creado formas espectaculares.

Por este recorrido que atraviesa un barranco, con saltos de agua maravillosos y un ruido ensordecedor, llegamos hasta el primer teleférico después de hora y media de caminata a través de un paisaje idílico. Allí mismo nos comimos nuestros bocadillos de jamón con tomate, disfrutando de las montañas, del paisaje y del silencio que nos rodeaba.

Decidimos volver a bajar a Zermatt en teleférico, para quitarle el gusanillo a la tropa, que se habían quedado con ganas de probarlos y ya estaban cansados de caminar.

Terminamos el día comprando recuerdos por el pueblo, alucinando con sus tiendas, flipando con los minicoches eléctricos que usan allí, haciendo fotos al típico pastor suizo que cruzó el pueblo con cabras como las de Heidi, admirando el carruaje de caballos que usaba un hotel para transportar a sus clientes, y empapándonos del ambiente. Nos despedimos de Zermatt con una pizca de pena y con el corazón lleno de bonitos recuerdos, ya que al día siguiente salíamos para España.

Sin duda algún día volveremos….un saludo para todos los mochileros.